Dembélé, sentenciado a 10.000 euros de multa por dejar la casa llena de basura

El jugador destrozó la casa en la que vivía cuando todavía jugaba en el Borussia Dortmund y un juez le ha obligado a pagar una multa por los daños ocasionados.

Ousmane Dembélé se enfrenta a otra multa. Esta vez, será por algo que hizo antes de jugar en el Barcelona. Y es que cuando el extremo francés militaba en el Borussia Dortmund, vivía en una casa propiedad de Jürgen Klopp, según recogía Bild en noviembre de 2018. El jugador nunca llegó a estar a sus órdenes.

Sin embargo, cuando el Borussia Dortmund se negó a dejarle salir al Barcelona en 2017 (tanto el Barça como el Livepool de Klopp eran los más interesados), el futbolista quiso llamar la atención del club de una manera muy extraña. Dembélé abandonó la vivienda llena de basura y desperfectos por todas partes, así como mobiliario destrozado. Llegaron a publicarse varias fotos de cómo quedó todo.

Las palabras del casero, Gerd Weissenberg, en el primer escrito que presentó al Tribunal de Primera Instancia, decían lo siguiente: «Había basura y desperdicios por todas partes. En la nevera había alimentos podridos, entre los armarios, numerosas bolsas de plástico viejas, en el suelo, manchas resecas. Detrás de la puerta de entrada había una pila de facturas sin pagar. Al parecer no soy el único engañado».

Ahora, según vuelve a informar Bild, el jugador ya sabe cuánto tendrá que pagar. Y es que el juez ha decidido que deberá abonar una multa de 10.611,16 euros (4.000 de ellos en concepto de depósito), menos de lo que pedía Weissenberg en su día, cuya cantidad era de 20.725,76 € más intereses. Al final, por mediación del juez, se ha llegado a un acuerdo para que el futbolista del Barcelona abone aproximadamente la mitad de lo que le exigía el casero.

Enlace amistoso:

Hazard responde a los seguidores del West Ham que cantaban: «Eden se va al Madrid…»

Al jugador belga del Chelsea, que marcó un golazo, le preguntaron si la afición rival sabía algo que no supieran los demás.

Eden Harzard habló en Sky Sportsdonde fue preguntado por los cánticos que le dedicó la afición del West Ham durante todo el encuentro («Hazard se va al Madrid»), el cual ganaron por 2-0. El periodista se dirigió al jugador del Chelsea sugiriéndole si ellos sabían ya algo que desconocía el resto, a lo que el belga respondió con humor y sin descartar en ningún momento un acuerdo que ya está cerrado entre club y jugador pero que debe tener el visto bueno de Abramovich. La conversación literal fue la siguiente:

Reportero: «La afición del Chelsea se pasó todo el partido gritando ‘Hazard se va al Madrid…’ ¿Ellos saben algo que no sabemos?».

Hazard: «(Se ríe). No, ellos están equivocados. Yo ahora estoy concentrado en el Chelsea hasta el final de la temporada. Sólo quiero terminar la temporada bien, entre los cuatro primeros de la Premier. Tenemos la Europa League. Hay mucho todavía que hacer. Ahí, entonces, ya veremos».

Ya es vox populi que Hazard es uno de los objetivos prioritarios de Zidane para renovar al Real Madrid. As ya ha venido informando en las últimas semanas que el precio de salida para poder cerrar su fichaje superará los 100 millones de euros.

Luis Suárez derriba a Oblak y acerca al Barcelona a la Liga

El Atlético, condicionado por la expulsión de Diego Costa a falta de una hora, no logra sobrevivir en el Camp Nou. El delantero uruguayo firma uno de los goles de su carrera

Luis Suárez celebra con Malcom el primer gol al Atlético.

Sólo resistía Oblak. Tieso e inexpresivo. Vestido de negro sepulturero, como si pretendiera emular a aquella araña rusa apellidada Yashin, soportaba el acoso del Barcelona. Hacía el portero oídos sordos a la incontinencia verbal de Diego Costa, que condenó a su Atlético a malvivir en inferioridad durante una hora. Alargaba la agonía en el campeonato. Hasta que Luis Suárez ejecutó su disparo soñado, de esos que marcan una carrera. Una vida. Impregnó el uruguayo de veneno el balón, y éste se enroscó hasta que Oblak no pudo más que maldecir su suerte. Alargó el brazo. Los dedos. Pero uno no puede burlarse tantas veces del destino. Ya abierto el equipo de Simeone en canal, Messi, tras ser validado por el VAR, sentenció. No sólo el partido, quizá también la Liga. Son ya 11 puntos de ventaja a falta de 21 por jugarse. Una viaje homérico de los rivales hacia la nada.

Hay quien piensa que los demonios son necesarios en el fútbol. Qué manera de luchar. Qué manera de vivir la profesión. Qué manera de llevar al contrario al límite de la cordura. ¡Cuánta testosterona! Ese ansia competitiva, tantas veces blanqueada, se confunde con la violencia. Física o verbal. Diego Costa probó las dos en media hora. Y lo hizo el día que el Atlético se jugaba la última bala en la Liga. El árbitro, Gil Manzano, se había desentendido en el amanecer de un golpetazo en la cara del ariete rojiblanco a Lenglet. Pero el juez sí decidió actuar al verse él mismo atacado. Según trató de explicar el propio colegiado a los futbolistas en pleno tumulto, Diego Costa le insultó por no haber pitado una falta a su favor.

El delantero le hizo una faena al Atlético, que aún quizá le recuerde aquella final de la Champions de Lisboa en la que se emperró en jugar pese a estar lesionado. Duró nueve minutos. Esta vez, en el Camp Nou, aguantó 28 sobre el césped. Y condenó a los suyos a un ejercicio de resistencia extremo del que nada sacó el Atlético.

El equipo de Valverde parecía observarlo todo con cara de no entender nada. Se habían dispuesto los azulgrana a echar mano de las transiciones frente a las intenciones ofensivas de Simeone, y de repente se encontraron con lo de casi siempre. Cemento armado frente a Oblak. Al Atlético, en inferioridad, no le quedaba otra que encerrarse frente a su área hasta el segundo tiempo, con Thomas como lateral derecho, y Correa como único escolta a la espalda de Griezmann, llanero solitario turbado por los silbidos del Camp Nou.

Diego Costa protesta a Gil Manzano antes de ser expulsado.

Antes de todo eso, el Barcelona, sin estridencias, poco romántico pero seguro, se las había apañado para llegar con peligro al área rojiblanca. Arias, que fue el primer perjudicado por la expulsión de Diego Costa, perdió su sitio en la banda. Koke hizo lo propio con la marca a Jordi Alba. Y Messi, que lo ve todo por el rabillo del ojo, entendió que esta vez debía ser él quien abriera los mares a su mejor aliado. Estuvo a punto Alba de sortear la imponente presencia de Oblak, pero su toque con la puntera acabó con el balón golpeando el palo.

Estaban Barcelona y Atlético intentando aclararse y descubrir qué hacer en los ataques estáticos cuando Coutinho se encontró con otra ocasión soñada. Habilitado por un taconazo de Suárez, el brasileño, más despierto de lo que acostumbra, intentó encontrar una salida por bajo. Pero la manopla de Oblak, firme a ras de suelo, volvió a borrar toda esperanza de redención para Coutinho.

La descarga verbal de Diego Costa contra el árbitro avanzó el final del primer acto y convenció a Simeone de que, antes o después, tendría que echar a su equipo al monte. El ingreso de Morata por Filipe Luis aún a media hora del final así lo atestiguó. Aunque semejante escenario llevara consigo la progresiva separación de líneas rojiblancas y que Godín y Giménez, hasta entonces infranqueables, comenzaran a quedar expuestos.

Messi, envalentonado entre líneas, enlazó tres diagonales. Nadie era capaz de atraparle. Pero a las puertas del firmamento siempre aparecía Oblak, ya fuera para sacar un pie ante el duelo al sol frente a Suárez, ya fuera para sacar las manos ante los martillazos de La Pulga o Malcom, recambio de un Arthur incapaz de acabar un partido.

Pero el día que Diego Costa no fue más que un villano, Luis Suárez descubrió el camino hacia la gloria y arrastró al Barcelona hacia el título. Bastante había tenido ya Oblak. Ni siquiera él puede con el peso de la realidad.

Argentina cuenta con su «legión extranjera» para Francia 2019

  • La Albiceleste, lista para su regreso al Mundial Femenino
  • La mitad del equipo juega en el extranjero
  • Soledad Jaimes fichó hace poco por el Lyon, campeón de Europa

Argentina pondrá punto final a 12 años de sequía el próximo 10 de junio, cuando emprenda su campaña en la Copa Mundial Femenina de la FIFA Francia 2019™ en el emblemático Parque de los Príncipes de París.

China 2007 no resultó precisamente memorable para las sudamericanas, que regresaron a casa en la primera ronda con tres derrotas en su haber, dos de ellas muy abultadas. Las Albicelestes no lo tendrán nada fácil en Francia 2019, de eso no hay duda. No en vano, están encuadradas en un reñidísimo grupo junto a Inglaterra, Japón y Escocia.

El combinado ha experimentado un progreso constante en los últimos años, alcanzando las semifinales en las dos ediciones más recientes de la Copa América Femenina. No obstante, el cambio más significativo desde su última participación en la Copa Mundial Femenina es la cantidad de integrantes de la formación que desempeña su oficio en ligas extranjeras.

La selección que tomó parte en China 2007 no tenía en sus filas ni una sola jugadora afincada fuera. Y esa falta de experiencia internacional le pasó factura. Esta vez, sin embargo, la mitad del equipo juega actualmente fuera de Argentina.

La mayor parte milita en clubes de la liga española, que avanza a pasos agigantados. Entre ellas destaca Estefanía Banini, ahora en el Levante tras varios años en la NWSLestadounidense. Su trayectoria fue durante mucho tiempo una excepción en el seno de Argentina, hasta que Florencia Soledad «Sole» Jaimes fichó por el club más laureado de Europa, el Olympique de Lyon.

Su salto al OL en enero fue totalmente inesperado, pese a que antes había estado en Brasil y China. Si bien la máxima beneficiaria de todo esto será indudablemente Argentina. Jaimes, una poderosa y habilidosa delantera que juega de espaldas a la portería, cree que el estelar plantel del Olympique le aportará mucho.

«Es el nivel más alto al que he jugado, no solo por los equipos, sino por las jugadoras individuales», declaró a FIFA.com. «Definitivamente es una de las mejores ligas del mundo. Al principio me costó un poco adaptarme al nivel técnico y también al aspecto físico. Pero enseguida me asenté. Me estoy adaptando a la vida en Francia y está muy bien tener esta experiencia antes de que se celebre aquí la Copa Mundial».

La férrea defensa Agustina Barroso fue una pionera de la «legión extranjera». En 2016, cuando solo tenía 22 años y se trasladó a Brasil, era una de las solo tres jugadoras afincadas fuera de Argentina. Después marchó a Inglaterra y más recientemente firmó con el Madrid CFF.

«Mi juego ha mejorado mucho desde que me marché al extranjero», explicó a FIFA.com. «Irme a Brasil fue un cambio enorme para mí, y luego también Inglaterra y España fueron un gran paso adelante. Quería crecer como futbolista y como persona, y probarme a mí misma jugando en otro país».

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La ausencia de más de una década de la gran cita mundial se ha hecho larga para una de las naciones más futboleras del planeta. Y las jugadoras de Argentina son muy conscientes de la oportunidad de oro que tienen ante sí para impulsar el fútbol femenino en su país.

«La clasificación fue muy importante y muy necesaria para la selección, en especial porque ha pasado mucho tiempo desde nuestra última participación», aseveró Jaimes.

«Es hora de aprovechar la situación e intentar hacer avanzar el juego a través de ella. Como futbolista, siempre sueñas con ir a la Copa Mundial. Este es el momento de hacer crecer el fútbol femenino. Me encanta lucir los colores de Argentina y lucirlos con responsabilidad. No hay presión, pero sí responsabilidad».

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El supercontrato ‘anti-Real Madrid’ que prepara el PSG para atar a Mbappé

El rico club parisino ofrecerá a la joven estrella el mismo salario de Messi, por encima de los 40 millones de euros. También inteta renovar a Neymar. Ambos terminan contrato en 2022.

El lunes pasado, el enfado en el alto mando del Real Madrid era mayúsculo. La portada del France Football les marcó la agenda. Operación Mbappé titulaba el semanario francés, con fotos de primeros planos sonrientes del joven delantero y de Zinedine Zidane. Sabrosa pareja: el astro bleu del pasado, icono madridista, y la perla de 20 años que aspira a dominar el balón en la próxima década.

Recuerdan los ejecutivos de los clubes que en el fútbol como en la bolsa, tan importante a veces es la expectativa, las ilusiones, como las certezas. Igualmente también penaliza el desencanto, el deseo no cuajado. «Esto nos perjudica, porque sólo puede generar frustración», repetían desde el Bernabéu, donde se intentaba aguar la noticia del día, sorprendidos con el seguidismo de la prensa española respecto a la presunta exclusiva que llegaba de París.

Desde que se certificó el fracaso de la temporada y se empezó a hablar del nuevo proyecto, con Zidane al frente, cualquier pregunta sobre Mbappé recibe la misma respuesta en el Madrid. «No está en venta, no hay tema», se despeja con contundencia, añadiendo un ejemplo inmobiliario que cualquiera puede entender: «Una casa que no tiene precio no se puede comprar». Pero la intentona del Madrid en el verano de 2017 y el gusto del entrenador -recién regresado- por el futbolista son ingredientes que maridan bien en la mesa de las especulaciones, por mucho que todas las partes lo nieguen.

Sin embargo, en el club blanco insisten en la imposibilidad de llevar a cabo un fichaje que estuvo realmente cerca de cuajar hace dos años. Ahora, como en 2017, el poderío económico del PSG decantó la balanza. En aquella negociación, el padre de Mbappé cayó rendido a un salario para su hijo -cerca de 20 millones limpios por año- imposible entonces para la estabilidad salarial del vestuario madridista.

El músculo financiero que procede de Qatar, Estado dueño del PSG, convierte en una utopía cualquier intento de forzar la salida de un jugador que el equipo parisino quiera conservar. Dinero y orgullo, una combinación imbatible.

Tras hacerse en el mismo verano con Neymar y Mbappé, los dos futbolistas señalados a relevar a Cristiano Ronaldo y Messi en el trono mundial, el club francés trabaja ahora para amarrar ambos a largo plazo. El padre del brasileño, siempre atento al móvil para escuchar ofertas, acaba de reconocer que ya está en conversaciones para renovar el contrato de su hijo, que caduca en 2022. Él se deja querer (llamadas al Barça y mensajes al Madrid), al tiempo que el PSG estrecha vínculos con los Neymar patrocinando proyectos de la fundación del 10en Brasil.

IGUAL QUE NEYMAR

En la misma fecha acaba el de Mbappé, y ahí surge otra veta de dificultad para el Madrid o cualquier aspirante a firmar al joven más prometedor de la escena. En el Bernabéu saben que el PSG está tentando al delantero con un nuevo y mareante contrato parecido al de Messi con el Barça. Se trata de una cifra por encima de los 40 millones de euros limpios por curso. Y ante una propuesta así, tan atractiva, será difícil que Mbappé y, sobre todo, su gente digan no, a la espera de una hipotética salida futura rumbo a otro destino. En el Madrid asumen que una vez renueve, poco habrá que hacer, por mucho que le seduzcan la leyenda blanca y el carisma de ZZ.

Así y todo, no se le pierde de vista, entre los directivos que denuncian la hiperinflación de un jugador aún muy joven y quienes le miran con deseo, atentos a sus movimientos en el PSG. Gusta oírle hablar de su pasión infantil por el Madrid o los ecos de los enfados con su actual entrenador, Thomas Tuchel, cuando le deja en el banquillo para darle descanso. Hilos que sirven para sustentar una esperanza, por ahora, vana.